02/05/2016

Vivir para comer o comer para vivir. Mi gastronomía es funcional hasta el minimalismo. No me permito grandes caprichos culinarios pero sigo una dieta de hidratos de carbono, proteínas y vitaminas. Pasta, carne y pescado. Sin añadidos, una dieta enfocada al ejercicio físico. Comer para vivir.

La generación de mis padres, nacidos en la década de los 60, interpreta la cantidad como símbolo de bienestar. Es una idea ciega, una patada a la ciencia, pero en la sobremesa de después se sienten satisfechos.

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