La motivación más pura para mantener un diario que registre el paso del tiempo está en el prólogo de los 'Ensayos' de Montaigne. Se ha citado mucho pero aun así:
"Es éste un libro de buena fe, lector.
De entrada, te advierto que con él no me propongo más fin que el doméstico y privado. En él no he tenido en cuenta ni el servicio a ti, ni mi gloria. No son capaces mis fuerzas de tales designios. Lo he dedicado al particular solaz de parientes y amigos: a fin de que una vez me hayan perdido (lo que muy pronto les sucederá), puedan hallar en él algunos rasgos de mi condición y humor y, así, aliemnten más completo y vivo el conocimiento que han tenido de mi persona...".
También la voluntad de no resultar excesivo, añado.
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