Josep Pla dejó uno de sus primeros periódicos, La Publicidad si no recuerdo mal, de forma admirable. Uno de sus jefes estaba dictando un relato torpísimo, muy cutre, en voz alta. Toda la redacción podía oírlo. En alguna frase estúpida Pla explotó a carcajada limpia y, ante la mirada inquisitiva de sus compañeros, se levantó de la silla y no volvió nunca.
Es una despedida valiente. Yo creo que nunca me atrevería a ser tan sincero y a lo más que aspiraría es un balbuceo inofensivo. Mentiría y luego, eso sí, diría que he mentido. No es tan sarcástico pero sí muy coherente.
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