Leonardo Ferreira es producto del capitalismo. Dice "Esto no es la escuela, es la vida", dice "Vamos a ganar dinero". Una tarde nos contó entre cervezas en casa de A. que en Sudáfrica había visto a delincuentes asaltar casas y violar bebés. También habló de la caza de albinos en el Congo. Tiene una cicatriz profunda en el brazo derecho, sin duda marca de un pasado intenso.
En la última charla que nos dio antes de que le anunciara mi marcha nos habló del marketing, que es lo que a mí me ha hecho dimitir. Insistió en que en esa hamburguesería los empleados daban el 120% de si mismos y que por eso la mayoría abandonaban a los 3 meses. Que teníamos que meter las bolsas de pan abiertas en otras bolsas cerradas porque cada pan desperdiciado eran 15 peniques menos y que había un milímetro de grasa en una esquina que teníamos que limpiar, que la diferencia entre el buen trabajo y la excelencia está en los pequeños detalles. Él, por ejemplo, salvó a una tienda de permanecer toda una mañana cerrada. La freidora no funcionaba y la arregló "con algunos conocimientos de electrónica que había aprendido".
Mientras hablaba nos dirigía una mirada de ojos muy abiertos, realmente expresivos, y yo no podía más que admirarle la frescura y asentir muy serio. Cuando habla en público es magnético.
En el camino a casa, ya en soledad, reí recordando todas las frases vacías.
Mientras hablaba nos dirigía una mirada de ojos muy abiertos, realmente expresivos, y yo no podía más que admirarle la frescura y asentir muy serio. Cuando habla en público es magnético.
En el camino a casa, ya en soledad, reí recordando todas las frases vacías.
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